Carta de presentación: cuándo sirve y cómo escribirla
La mayoría de las cartas repiten la hoja de vida en párrafos. Esas no ayudan. Estas son las tres situaciones en que sí cambian algo.
La carta de presentación tiene mala fama y en buena medida se la ganó. Casi todas dicen lo mismo: que la persona vio la vacante, que tiene experiencia en el área, que es comprometida y responsable, y que queda atenta. Eso no le da a nadie una razón para llamarte, y consume el recurso más escaso del proceso, que es la atención de quien lee.
Pero hay casos en que sí cambia el resultado. Vale la pena saber cuáles son para no gastar tiempo en los otros.
Los tres casos en que sí sirve
1. Tu perfil tiene una discontinuidad
Un cambio de sector, un periodo sin empleo, una mudanza a otra ciudad o país, un salto que no se explica solo. Sin carta, quien lee tu hoja de vida inventa una explicación, y la que inventa casi nunca te favorece.
Dos frases resuelven lo que un vacío deja abierto: «Después de seis años en logística me estoy moviendo a análisis de datos. La razón es que la parte del trabajo que más me interesaba era el diagnóstico de los cuellos de botella, y en el último año hice X para prepararme».
2. Sabes algo concreto de la empresa
No «me identifico con sus valores». Algo específico: un producto que usaste, un problema del que hablaron en público, una decisión que tomaron, un artículo que publicó alguien del equipo. Si puedes conectar eso con algo que hiciste, la carta deja de ser genérica y se vuelve difícil de ignorar.
3. La convocatoria la pide explícitamente
Si la piden, no enviarla es un descarte por incumplimiento de instrucciones, que es la forma más barata de perder una candidatura. Y a veces la piden precisamente para ver quién lee hasta el final.
Fuera de estos tres casos, el mismo tiempo rinde más reescribiendo las viñetas de tu hoja de vida.
La estructura de cuatro párrafos
Primero: por qué esta empresa (3-4 líneas)
Nada de «me dirijo a ustedes con el fin de postularme». Empieza por lo específico. Si no tienes nada específico que decir sobre la empresa, ese es el aviso de que probablemente no necesitas escribir la carta.
Segundo: tu caso más relevante (5-6 líneas)
Un solo logro, el que más se parezca a lo que la vacante necesita, contado con algo más de detalle del que cabe en una viñeta: qué problema había, qué hiciste, qué resultó. Uno, no tres.
Tercero: lo que la hoja de vida no dice (3-4 líneas)
Aquí va la discontinuidad si la hay, o el contexto que no cabe en el formato: por qué cambiaste de área, qué estás aprendiendo, qué buscas. Este párrafo es la razón de existir de la carta.
Cuarto: el cierre (2 líneas)
Directo y sin fórmulas de sumisión. «Quedo atento a la posibilidad de conversar sobre el cargo» basta. Nada de «agradezco de antemano la atención prestada a la presente».
Reglas de forma
- Máximo una página, y de preferencia media. Entre 200 y 300 palabras. Si pasa de 400, quien lee la salta.
- Un nombre real en el saludo cuando se puede averiguar. Si no, «Equipo de selección» antes que «A quien corresponda».
- Nada de repetir la hoja de vida. Si un párrafo se puede sustituir por una viñeta del currículo, sobra.
- El nombre de la empresa correcto. Parece obvio, y es el error más frecuente al reutilizar una carta anterior. Revísalo siempre antes de enviar.
- En el cuerpo del correo, no adjunta, salvo que pidan adjunto. Un archivo más es una fricción más.
Comprobación antes de enviar
Tres preguntas:
- ¿Esta carta serviría igual para otra empresa cambiando el nombre? Si sí, no sirve para ninguna.
- ¿Dice algo que no esté ya en la hoja de vida? Si no, no hace falta enviarla.
- ¿Habla de lo que la empresa necesita, o solo de lo que yo quiero? Cuenta cuántas veces aparece «yo» y cuántas el nombre de la empresa. Si la proporción está muy desbalanceada, reescribe el primer párrafo.
Nuestra revisión de carta mide exactamente esas tres cosas: cuánto de la carta repite tu hoja de vida, si menciona a la empresa y si la extensión está en rango.